Lo que pasó después

3.

Abra se fue del colegio y terminó sus estudios con el corazón roto y únicamente con Emma en su vida. Perdió el sentido de todo aquello que quería hacer, pues por muy difícil que fuera admitirlo, Terence había modificado su vida y había empezado a darle un rumbo que se desmoronó con su partida.

La joven bruja empezó a andar de forma errada, sin saber que hacer con su vida a pesar de las múltiples advertencias de su mejor amiga. En uno de sus momentos más bajos, conoció por casualidades de la vida a un hombre que provenía también de un mundo tan mágico como el de Abra, pero muy distinto.

Su vida era la mar de complicada y la joven bruja apenas entendía algunas cosas, sin embargo, la empatía natural de la chica, hizo que con el paso del tiempo y las experiencias juntos, se formara un lazo resistente e incondicional. Primero como amigos y compañeros, llegando Abra incluso a salvarle la vida; luego cuando tuvo la posibilidad de ser adoptada por un matrimonio que la amaba y estaba dispuesto a cuidar de ella, el hombre rubio confesó la naturaleza de su cariño. David Nolan la amaba tanto como se podía amar a una hija propia y a pesar de que sus vidas eran ambas un caos, se levantaron juntos del suelo e iniciaron lo que sería una nueva familia que salvaría de alguna forma sus vidas.

Por ese tiempo y gracias a algunas coincidencias de la vida, Abra pudo conocer a la siguiente chica que haría las veces de soporte y otras de ancla. Una chica simpática y con una vida igual de problemática que la de la propia bruja. Eleanor Higgs era hermana del slytherin rubio que le había roto el corazón, pero aquello no sería suficiente para alejarla de los Higgs. Lenny, como la llamaba Abra y algunas personas más, se convirtió desde entonces y para cada momento de la vida, en esa parte elemental que mantuvo a la ravenclaw de pie cuando parecía que todo estaba derrumbado.

David Nolan resultó ser un hombre con un gran corazón y a pesar de sus múltiples problemas mentales, adoptó con cariño y siempre buena fé a 12 chicas, rubias en su mayoría. Todas ellas con problemas distintos y personalidades muy distantes, las acopló a todas a la misma familia donde aprendieron a quererse y protegerse la una a la otra. Abra por primera vez en muchos años, tuvo una familia y una cena de Navidad. Tenían una mansión en Boston y no era para menos, las chicas necesitaban todas su espacio, unas más grandes que otras, siempre tuvieron un sitio especial dentro de aquella gran familia. La vida parecía de nuevo una postal, una foto perfecta.

Abra no podía ser más feliz, amaba sobre manera a su padre, a sus hermanas. Habría dado por cada una un brazo, aún cuando no tuviera brazos suficientes para todas. Pero las cosas no pueden ser perfectas para siempre y después de una serie de malos entendidos terminó dejando la mansión en Boston y el lazo con las partes involucradas. No así con todos los miembros de la familia, pero sí con varios de ellos. Aunque aquello le destrozó una vez más el corazón, esta vez tenía una razón mucho más fuerte para seguir adelante: Su propia familia. Por segunda vez en su vida, Abra se vio con su historia en una maleta, huyendo de lo que alguna vez llamó su hogar.

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