
Stebra
5.
Lo que sucedió en Londres cambiaría para siempre la vida de Abra Stone, además de conseguir una varita que correspondía muchísimo mejor con su personalidad (madera de ciprés, núcleo de pluma de thunderbird, treinta y tres centímetros de largo, flexible) Steve consiguió un poco de seguridad extra para la bruja. Ya habiendo experimentado la vulnerabilidad de la misma en Francia.
Dicha seguridad consistía en una pulsera que contenía una gota de la sangre de Steve, la misma que vibraba cuando los hermanos infernales del mismo estaban cerca, dándole a Abra algunos momentos de ventaja en aquellas circunstancias. Londres fue uno de los momentos más llenos de magia y románticos que la bruja pudo experimentar a lo largo de toda su relación con Steve White.
Vuelos en escoba, visitas a los sitios pertenecientes a su mundo e incluso al mundo muggle, descubriendo juntos los primeros instantes de una vida juntos y en completa libertad. Nada podía ser más perfecto, excepto quizá... Roma.
La joven pareja decidió viajar a la antigua ciudad para convertirla en su hogar. Lejos de aquellas tierras que los dos en algún momento habían ocupado como casa, lejos de donde se les había roto el corazón de distintos modos, lejos de donde Steve había decidido quitarse la vida y entregar el alma. Un nuevo comienzo. De cero. La vida no podía ir mejor, a pesar de las heridas que Abra aún tuviese en el alma.
Roma los recibió con los brazos abiertos. Residieron juntos en un hotel al menos un par de semanas, luego fueron capaces de adquirir una casa (por la seguridad de ambos no se darán detalles de la extraña forma en que se hicieron con las escrituras) y los planes a futuro se veían correctos, saludables.
La casa era tremendamente espaciosa y a pesar de todo se sentía como un hogar cálido. Tenía espacio suficiente para que cada uno pudiera tener una habitación para sus asuntos personales, la de Abra desde luego, estaba destinada a su laboratorio de pociones particular.
Steve Aaron White decidió pedirle a Abra Stone que fuera su esposa un 23 de mayo, tenían planes a futuro. Se veían poniendo una cafetería en el centro de Roma, donde a diario había muchísimos turistas que volvían muy rentable el negocio. Además ha de añadirse que la planeaban únicamente como una fachada, ya que Abra pretendía que el lugar fuera una tienda de pociones donde vender sus propias invenciones.
Sin embargo y como ya es típico en la vida de Abra, aquella felicidad y aquellos planes no habían de durar más que unos meses. Quizá medio año. La vida de Abra cambió desde Londres, en aquel callejón donde Steve había intercambiado su sangre por la pulsera para la joven bruja.
Ese momento los seguiría hasta Roma y acabaría con la felicidad de Abra. La madre vampírica de Steve, pronto habría de enterarse del nuevo trato que el vampiro había hecho con el mismísimo Satanás. El enojo de Lilith sería tal que intentaría por todos los medios recalcar su posesión sobre el neófito, sin lograrlo.
Abra Stone despertaría en su cama una mañana de otoño, descubriendo de forma dolorosa que su prometido no se encontraba junto a ella. Sin notas, con todas sus cosas en la mesita de noche y en el armario, la joven bruja entró en desesperación.
Llamó a las únicas personas que podían ayudarle a encontrarlo: La hermana y las mejores amigas del vampiro. Las cuatro juntas decidieron salir en busca de Steve, guiándose únicamente por corazonadas y hechizos que deban un gran margen de error. Para fortuna del bien armado equipo, dieron pronto con él.
Lo que sucedió después es borroso en la mente de Abra, sus recuerdos empiezan a ser difusos en aquel punto de su propia historia. De alguna forma o de otra, recuerda que pudieron rescatar al que en ese momento, era el hombre de su vida. Sin embargo, lo que sucedería después, escapa de su comprensión.
Entre las frías montañas de algún país del norte de Europa, Steve White terminó su relación con Abra. Rompiéndole el corazón de una forma en que jamás nadie había hecho antes. Sin explicaciones, sin largas despedidas. Se rompieron las promesas y los sueños a futuro.